FiscalGalicia entrega a María José Barbeito del Río, fundadora del Restaurante el Pantano, una Menina de Sargadelos en reconocimiento a su trabajo.

Desde FiscalGalicia, con motivo del 8M y nuestro compromiso de reconocer la labor de todas la mujeres trabajadoras, este año hacemos nuestro pequeño homenaje a una de nuestras clientas, empresaria de éxito en el sector de la hostelería cuyos comienzos se remontan a hace ya 50 años. Esta mujer es MARÍA JOSÉ BARBEITO DEL RÍO, fundadora de Restaurante El Pantano.

Abrió una tienda en la que, con ayuda de su madre y de su abuela, empezó a servir comidas y bocadillos a los obreros que estaban en la zona debido a la construcción del pantano y de la autopista cercanos.

María José tiene hoy 69 años y acaba de jubilarse y en este encuentro nos cuenta además de un montón de anécdotas vividas en el negocio, la historia de esfuerzo, disgustos y satisfacciones vividas para llegar a tener la empresa que hoy dirigen sus hijas y en la que ya dan pasos también sus nietas, todo ello con las dificultades añadidas de ser una mujer al frente de un negocio cuyos clientes comenzaron siendo de forma exclusiva hombres.

María José se casó en 1975 y, con su marido se fueron a vivir a Abegondo, a lo que ellos llaman “la casa vieja”. Allí abrió una tienda en la que, con ayuda de su madre y de su abuela, empezó a servir comidas y bocadillos a los obreros que estaban en la zona debido a la construcción del pantano y de la autopista cercanos.

El 29 de diciembre de 1985, inauguraron “el comedor grande” con una cena baile con una de las grandes orquestas del momento, Los Españoles.

Con la construcción de su nueva casa decidieron dedicar el bajo a una cafetería y un par de comedores pequeños, este fue el primer gran paso en el desarrollo de este negocio de forma que además de esas comidas entre semana para los obreros, empezaron a tener comidas de familias que iban los fines de semana. Recuerda con emoción, cariño y mucho agradecimiento como uno de esos clientes, director de una oficina bancaria le propuso ampliar el negocio y se ocupó de gestionar el préstamo necesario para ello, ochocientas mil pesetas. Nos recuerda que hoy puede parecer una nimiedad (poco más de 4.800,00 €) pero en el año 1976, era una suma más que importante. Así, el 1 de mayo de 1977, inauguran la primera de las muchas ampliaciones, reformas y mejoras que se han hecho en sus instalaciones.

Por aquel entonces continuaban con los menús del día y las comidas familiares los fines de semana con platos que, a día de hoy, se mantienen en la carta con la misma receta de su madre, aunque hoy son las manos de una de sus hijas las que se ocupan de elaborarlos y mantienen la fama del restaurante, sus cigalas a la plancha, las almejas, la carne asada…

En aquel momento, Suso, su marido, trabajaba como mecánico en la SEAT y echaba una mano en el restaurante los fines de semana e incluso a mediodía entre semana ya que dedicaba la pausa en su trabajo para acercarse a Abegondo y atender la barra.

Siempre aconsejados por sus buenos clientes, fueron ampliando la forma de desarrollar el negocio y así, ayudados por una pastelera, comenzaron a amasar sus primeras milhojas y, a través de un trabajador del puerto, a comprar directamente en el muelle ya que, en aquel entonces, no había tanta burocracia para poder hacerlo y servir el mejor producto cada día. Y es que, en ese momento, María José era autodidacta y muy hábil para recoger los consejos de quienes estaban cerca y tenían más experiencia.

Ese buen hacer tanto en la cocina, por su madre, como por ella en el comedor y, ocasionalmente por su marido en la barra, comenzaron a expandir su fama y en verano y vacaciones, empezaron a recibir a los turistas madrileños y a muchos militares.

Con esta fama, y con la inquietud de María José que, aun a día de hoy no sabe quedarse quieta, a principios de los años 80 empezaron con la celebración de eventos. Las comuniones fueron lo primero (incluso las de sus hijas), después continuaron las bodas, las comidas de empresa…

Recuerda con cariño y emoción como, el 29 de diciembre de 1985, inauguraron “el comedor grande” con una cena baile con una de las grandes orquestas del momento, Los Españoles. A esa le siguieron muchas que, a día de hoy continúan celebrándose y contando con un gran público muy fiel.

Con el negocio funcionando y con el espíritu inquieto y su ánimo de mejora, en el año 1988, María José se matricula en la Escuela de Hostelería de Santiago para recibir una formación que, lamentablemente, tuvo que abandonar en el último curso cuando sufrieron su peor crisis y es que cuando estaban construyendo un nuevo comedor, por diferentes circunstancias, el precio de la obra se multiplicó y “los de casa” tuvieron que trabajar absolutamente en todo para poder salir adelante. Se daban todas las comidas que era posible, María José y Suso fregaban los platos después de cerrar, cocinaban, hacían de pinches, servían, limpiaban… incluso las niñas, pequeñas en aquel momento, también ayudaban en lo que podían. Fueron momentos muy duros que le hacen recordar como tuvo que pensar en cambiar a sus hijas de colegio y como las monjas que lo llevaban no se lo permitieron y echaron también una mano en aquellas dificultades. Era la época en la que también funcionaba el restaurante y discoteca El Bosque y hubo bancos que decidieron no apostar por El Pantano así que tuvo que acudir a préstamos de particulares, proveedores…

Recuerda lo mucho que lloraron ella y Suso que, en este momento ya se dedicaba en exclusiva al restaurante. Esos recuerdos le traen a la memoria como, en una ocasión, una de sus hijas le preguntó si eran mucho más pobres que los otros niños y como ella contestó “Tú no te preocupes que siempre habrá lo necesario”. Porque sí, así es María José, segura de que con trabajo y esfuerzo iban a poder salir adelante. Y así fue, se reorganizaron, dejaron temporalmente de comprar en el puerto, donde había que pagar al contado (aunque había personas, que conociendo su honradez, estaban dispuestas a esperarlos) por exportadores que tenían otras formas de pago; echaban cuentas para comprar las bombillas que se fundían, no se podían cambiar inmediatamente; no hubo Reyes para sus hijas… y, cuando faltaban 2 millones de pesetas para pagarle al constructor de la obra, acudieron a un cliente que, sin ningún tipo de garantía y sin necesidad de firmar ningún documento, les prestó el dinero sin dudarlo y para que lo devolviesen cuando ellos pudiesen. Nuevamente recuerda esta emprendedora como siempre contó con el apoyo de sus clientes y con su propio esfuerzo, lo que siempre hizo que salieran adelante.

El final de la temporada de cenas-baile se cerró, durante unos años, con una “actuación estelar” por allí pasaron Ana Kiro, Pili Pampín, Bigote Arrocet o Elsa Baeza que fue la última. El día de su actuación, durante la cena, apareció la Guardia Civil a evacuar el restaurante por una amenaza de bomba. Sacaron a la calle a los clientes, a la cantante y a las niñas que ya estaban en la cama, en el piso de arriba. Cuando revisaron todo se descubrió que no había motivo para el desalojo pero muchos clientes ya se habían ido, y sin pagar su cuenta. La artista y su representante exigieron cobrar antes de la actuación y María José y Suso tuvieron que pedir dinero a quien pudieron para continuar la cena con la mayor normalidad posible. María José no olvida el mal rato pasado en el que se puso en duda su honradez, al tiempo que no olvida como hubo muchos clientes que, a pesar de haberse ido, volvieron en los días siguientes a pagar su cena. Y es que María José lo tiene claro, ellos han trabajado muy duro pero han contado siempre con una buenísima clientela, siempre a la altura, siempre apoyando incluso más allá de lo esperado.

Aún así, como todos los locales de este estilo, han tenido alguna deuda importante, recuerda una petición especial para una boda, la mantelería, el buen vino, los camareros con guantes… Y no se pagó, en aquella época en la que no se pedían anticipos como se hace ahora, aunque en esta casa, siguen permitiendo que alguna gente pague los eventos incluso a plazos.

No quiere cerrar nuestra conversación sin recordar a sus trabajadores, cuentan con empleados con más de 25 años de antigüedad que también demostraron su apoyo en los momentos difíciles. Así, nos cuenta como hubo alguno que llegó a pedir algún préstamo a su nombre para ayudar a la empresa. Ellos siempre trataron bien a sus empleados y reconoce, con agradecimiento, que ellos estuvieron más que a la altura cuando los necesitaron, por eso son más que empleados para María José.

Como mujer al frente de un negocio en los años 70, 80… y que comenzó con clientes exclusivamente hombres tuvo que marcar límites desde el principio, dice tener la suerte de contar con un fuerte carácter y una marcada firmeza pero, aun así, ha tenido que escuchar muchas veces esa lamentable frase de “dónde está el jefe?”, o intentos de hacerla de menos, como cuando un cliente intentó pellizcarle la mejilla.

María José es una mujer fuerte que nunca dudó de que había acertado al empezar el negocio y volvería a hacerlo. Aunque, desde principios de los años 2000, sus hijas comenzaron a tomar el relevo ella sigue, como siempre, “con el negocio en la cabeza”, sigue controlando proveedores, compras, inversiones, financiación y sus hijas cuentan siempre con sus recomendaciones y sus consejos, incluso aunque no los pidan, nos chiva alguna de ellas que está presente y atenta mientras hablamos.

Gracias, María José por demostrar que, nosotras, también podemos.